¿Qué son las carillas dentales y cómo pueden mejorar su sonrisa?
Las carillas dentales son una forma de mejorar drásticamente su sonrisa. Para cualquier persona que tenga dientes visibles que estén descoloridos, astillados, agrietados o que, en general, no sean agradables a la vista, entonces son un método fácil y eficaz de enmascarar esos dientes con algo que se ve un poco más perfecto y sigue luciendo completamente natural. Para aquellos que tienen un espacio entre los dientes frontales y se sienten cohibidos por ello, las carillas también son una gran solución.
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Las carillas dentales existen desde hace casi cien años y fueron una de las primeras formas de odontología cosmética. Son estructuras delgadas en forma de concha, generalmente hechas de porcelana. Se pueden hacer a cualquier tamaño que se requiera y se sienten naturales y cómodos cuando están en su lugar. Las carillas son robustas, a pesar de su tamaño, y duran muchos años. Además, se pueden combinar perfectamente con el color de los dientes circundantes para que se mezclen perfectamente y creen una sonrisa perfecta.
Las carillas se colocan en los dientes que necesitan enmascarar mediante un mecanismo de unión. Esto significa que se debe quitar un poco del esmalte de los dientes originales (generalmente no más de un milímetro). Luego, las carillas se pueden fijar a la superficie del diente y con un adhesivo especial, que es como un cemento, permanecer allí. Este proceso se finaliza con la ayuda de un rayo de luz especial que permite que el cemento se seque y fije permanentemente las carillas en su lugar.
Las carillas se realizan de forma muy precisa, por lo que no se requiere ningún trabajo de fijación posterior. Sin embargo, aproximadamente una semana después de que se pongan en marcha, es posible que su dentista quiera volver a verlo para darle un pulido final a las carillas. Puede encontrar cierta sensibilidad al calor o al frío durante unos días después de que se hayan colocado, pero esto desaparecerá a medida que sus encías se acostumbren a ellos.
Una vez colocadas las carillas, no es posible volver a la vida sin ellas porque se ha alterado la superficie del diente original. La vida con carillas no es diferente, ya que no afectan la alimentación y la bebida diarias y no requieren atención especial. Aunque son fuertes y resistentes, vale la pena recordar que son un poco más frágiles que sus propios dientes, por lo que, como precaución, es mejor evitar ejercer una gran presión sobre ellos. Abrir botellas con los dientes o morder sustancias muy duras como el hielo es un no-no definitivo.
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